Los intelectuales y los medios de comunicación de masas
Autor: Edurne Uriarte, Universidad del País Vasco.
Texto completo:
Los intelectuales, la prensa de calidad y los medios de comunicación de masas
La prensa de calidad siempre ha ocupado un papel importante como vehiculador de reflexiones intelectuales, pero este papel se ha reforzado en los últimos años en España de tal forma que este tipo de prensa se ha convertido en el foro principal de debate para los intelectuales españoles. Este fenómeno ha ido acompañado, por otra parte, de la creciente participación de los intelectuales en los medios de comunicación audiovisuales, participación que, sin dejar de ser importante, no permite hablar de un foro de debate intelectual en dichos medios debido a sus características y a la consideración netamente secundaria que merecen para los propios intelectuales.
El papel que cumple en España la prensa de calidad como foro de debate intelectual nos permite afirmar que lo que dijo hace algún tiempo Amando de Miguel es incluso más válido para la España de los noventa: "en términos operativos, se puede decir que una persona en España no pertenece a la alta intelectualidad si no tiene la facilidad de hacer que su opinión aparezca por extenso en ABC,1 El País, La Vanguardia o en los programas mas influyentes de radio y televisión" 1. En efecto, la búsqueda de intelectuales puede realizarse con creciente facilidad a través de las páginas de la prensa de calidad porque es allí donde encontraremos a muchos de los intelectuales más importantes del país.
En un clásico del análisis empírico de los intelectuales Charles Kadushin seleccionaba a los componentes de la élite intelectual norteamericana a través de su participación en ciertas revistas consideradas como referente obligado para la comunidad intelectual norteamericana 2. Este sistema de selección no puede ser aplicado en España donde el papel que en el estudio de Kadushin Jugaban las revistas intelectuales lo cumplen los periódicos de calidad. En nuestro contexto, para ejercer influencia, el intelectual debe recurrir a la participación en prensa de calidad y, a veces, en los medios audiovisuales.
Si bien no existen aún los datos referentes a las relaciones de los intelectuales españoles con la prensa de calidad, se puede aventurar que el análisis empírico mostraría que esas vinculaciones son estrechas y cada vez más importantes. Podemos aportar, en este sentido, algunos datos sobre las relaciones entre intelectuales vascos y prensa de calidad, datos que muestran que casi un 50% de ellos mantiene vinculaciones con los periódicos.3
Cuando hablamos de vinculaciones es importante hacer una distinción entre las características de esas vinculaciones y las mantenidas con las editoriales y las revistas especializadas. En primer lugar, si los intelectuales ejercen un amplio, casi total control sobre las revistas especializadas y tienen una influencia bastante considerable en el mundo editorial, su relación con los periódicos se produce a través de la colaboración más o menos asidua pero normalmente exenta de vinculaciones directas, con la excepción, claro está, de los periodistas. La mayoría de estas relaciones se produce en forma de colaboraciones habituales o esporádicas a través de artículos de opinión. En muy pocos de los intelectuales estudiados la relación se produce en forma de dirección de alguna sección, como columnista, accionista, etc.
Ahora bien, la escasez de vinculaciones directas que los intelectuales mantienen con los periódicos en comparación con editoriales y revistas, ¿permite hablar como lo hace Félix Ortega en un interesante y sugerente artículo de una dependencia de los intelectuales académicos y científicos respecto de los periodistas e incluso de su sustitución por estos últimos?. Según Ortega "los periodistas son quienes realmente se han apropiado del rol de intelectuales que, indebidamente, se predica de los científicos y académicos".4
La respuesta a la pregunta planteada más arriba depende en buena medida de la definición de intelectual que utilicemos. Si partimos de la idea de que los "los intelectuales son individuos de alta formación, preocupados por los grandes problemas de su tiempo, y son, fundamentalmente, creadores de ideas que, además, reflejan esas ideas en una producción escrita que es comunicada a público a través de diferentes medios de difusión (básicamente, el libro, la revista especializada revista de información general y el periódico de calidad ) y que tiene una cierta influencia en la sociedad " 5, es indudable que bastantes periodistas forman parte del colectivo intelectual, un colectivo formado también por los intelectuales académicos, los literatos y, a veces, por los artistas, los científicos y algunos miembros de las profesiones liberales.
En este sentido, más que de sustitución del intelectual por el periodista, de lo que se puede hablar es de la adaptación de los intelectuales a los medios de comunicación de masas, medios en los que conviven con los periodistas, algunos de ellos miembros del mismo colectivointelectual.
En el contexto de la creciente importancia del papel de los medios de comunicación de masas y de la prensa de calidad en particular para la comunicación entre público e intelectual, éste ha comenzado a utilizar masivamente la prensa de calidad. Pero ello no ha supuesto un abandono de la producción académica o literaria: la mayor parte del colectivo intelectual continúa obteniendo su legitimidad para participar como tales intelectuales en los medios de comunicación de masas de esa producción literaria o académica. Es decir, los medios de comunicación son un medio más, crecientemente importante, de comunicación intelectual, pero que al menos de momento no han terminado con el peso propio de la producción a través del libro o la revistaespecializada.
Además, la dependencia de los intelectuales académicos respecto de los periodistas es relativa en el sentido de que es en buena medida formal, es decir, el intelectual necesita efectivamente de la aceptación de su artículo por parte del director o jefe de opinión. Sin embargo, el intelectual tiene un poder de gran peso en esas páginas de opinión porque su colaboración resulta imprescindible para su realización. No es posible el periódico de calidad en España sin la colaboración del intelectual académico, literato y científico junto con el periodista. Los intelectuales tienen una parte de control directo importante en las editoriales (nos referimos al control intelectual) y un control casi absoluto sobre las revistas científicas, pero su peso en la prensa de calidad, si bien indirecto, no deja de ser importante.
Por otra parte, los factores que determinan las vinculaciones o colaboraciones con unos u otros periódicos divergen en cierta medida de los factores asociados a las interrelaciones entre intelectuales, editoriales y revistas. Observamos en el caso vasco, con características que en buena medida podrían ser aplicadas al conjunto español, que si hacemos una comparación con editoriales y revistas, la especialidad deja de ser significativa en la relación con los periódicos; además, el prestigio del medio tiene un peso algo menor, y el elemento ideológico pasa a ocupar un lugar central.
Los trabajos que los intelectuales publican en la prensa son artículos de opinión en los que el intelectual participa directamente en los debates de actualidad. La especialidad es un instrumento de análisis pero la temática queda mucho menos determinada por la especialidad. Queda determinada sobre todo por el curso de la actualidad y por la situación de los debates sociales, políticos y culturales del momento. El elemento prestigio del medio también varía, ya que la correspondencia entre el prestigio del medio y los deseos o disposición a publicar en ese medio es bastante menor que en relación a las revistas y editoriales; cualquier intelectual español desearía o estaría dispuesto a publicar en Alianza pero no todos los intelectuales estarían dispuestos a publicar en El País.
La prensa de calidad acoge en su seno un debate propiamente intelectual en el que el intelectual ejerce de tal antes que de científico por lo que la ideología pasa a tener un peso de considerable importancia. Si bien ese elemento ideológico no pasa a ser irrelevante en ningún caso, es cierto que a medida que el prestigio del medio aumenta el peso del factor ideológico disminuye. Es así que aunque no todos los intelectuales deseen publicar en el El País debido al temor de ser identificados con una tendencia ideológica determinada, es cierto también que el porcentaje de intelectuales no dispuestos a colaborar en sus páginas es mínimo.
En la investigación sobre los intelectuales vascos se les preguntaba qué diarios consideraban más influyentes, tanto a nivel vasco como del conjunto del país. La unanimidad era total a la hora de considerar que el diario más influyente a nivel del conjunto español es El País; intelectuales de todos los signos políticos coincidían en esta apreciación. Confirmaban así la condición de periódico de referencia dominante de este diario, es decir, un tipo de diario que, como ya definió José Vidal Beneyto, se distingue de los llamados populares no sólo por aspectos formales y de organización del espacio, sino también por las funciones que cumple. 6
Esa condición de referencia dominante y, por lo tanto, alto prestigio, determina que muchos intelectuales deseen publicar en El País ya que ello supone no sólo contar con un gran número de lectores, sino también la posibilidad de llegar a las élites políticas y económicas y al resto de los intelectuales. Colaborar en El País no es fácil ya que una combinación de cierto prestigio intelectual y de cercanía a un determinado núcleo de relaciones se hacen necesarios, pero, desde luego, ese objetivo figura en la agenda de muchos intelectuales españoles. Esa función que El País cumple entre la intelectualidad española la cumple en buena medida El Correo entre la intelectualidad vasca. Si los intelectuales vascos no tienen dudas a la hora de señalar que a nivel general el diario más influyente es El País tampoco las tienen al afirmar que el diario más influyente en el País Vasco es El Correo7 que puede ser calificado como el diario de referencia dominante en el País Vasco.
Si bien El Correo es considerado como el diario más influyente a nivel vasco, tampoco todos los intelectuales publican en este diario. La discrepancia ideológica, proveniente sobre todo de algunos sectores del nacionalismo más radical, y aún más importante en un país caracterizado por el enconamiento de las luchas políticas en torno al nacionalismo, constituye un motivo que lleva a algunos intelectuales, lo cierto es que muy pocos y cada vez menos, a no tener interés en publicar en ese diario. De esta forma, aunque El Correo es el periódico con más fuerza entre los intelectuales vascos, parte de ellos también colabora en otros diarios como Deia, Egin, Egunkaria o en la edición vasca de El Mundo8.
Causas de la creciente importancia de la prensa de calidad para la comunicaciónintelectual
¿A qué se debe la creciente importancia de la prensa de calidad para la vehiculación de la producción intelectual? Podemos hablar de tres factores esenciales estrechamente relacionados:
1) La necesidad de llegar a públicos amplios, no sólo los formados por los demás intelectuales y élites políticas y económicas, sino también el cada vez más importante sector de público culto.
2) La inexistencia en España de una revista o revistas interdisciplinares de suficiente calidad y prestigio y adecuadas para la vehiculación de debate intelectual; 3) Las crecientes insuficiencias de la revista especializada y el libro para cumplir el objetivo señalado en el primer punto.
Los intelectuales pretenden llegar a un público lo más amplio posible. Su actividad tiene poco sentido o ningún sentido sin algún tipo de proyección pública. Esa proyección puede lograrse por vías indirectas, es decir, a través de la educación, de los efectos de algunas investigaciones, de efectos a largo plazo de algunas obras, etc. Pero el intelectual pretende también tener una influencia directa sobe los grandes problemas de su tiempo, y para ello necesita, no sólo asesorar directamente a élites políticas y económicas, sino también llegar a un público lo más amplio posible a través de sus escritos. Es por ello que, incluso en un contexto como el del País Vasco, tan marcado por el nacionalismo, y en el que se pudiera pensar en un intelectual interesado únicamente en una proyección local en virtud de un interés centrado en los problemas de su propio ámbito nacional, el intelectual pretende llegar a un público lo más amplio posible.
En un tono escéptico y realista, señalaba uno de los intelectuales entrevistados que:
"publican en las editoriales vascas los que no pueden publicar en las españolas, y en las españolas los que no podemos en las internacionales"
La mayoría de los intelectuales vascos optaba por este objetivo amplio ya que lo consideraba una finalidad intrínseca a la actividad intelectual aunque fuera consciente de que en pocas ocasiones se hace real. En ese sentido, comentaba otro intelectual que:
" Una cosa sería el ideal y otra la realidad. Lo que me gustaría como elemento más posible, más factible, sería el público español. Me gustaría llegar a ámbitos más amplios y que efectivamente las cosas que yo pudiera hacer pudieran interesar al sector especializado europeo dentro de la historia social que es lo que estoy escribiendo últimamente, pero, ¡en fin!, moviéndonos en márgenes que pueden ser más factibles y reales, pues al público español".
Si el ámbito estatal o internacional es geográficamente el marco que los intelectuales escogen para sus escritos, desde el punto de vista cualitativo o del tipo de público al que dirigen preferentemente esos escritos, los intelectuales no sólo escriben para especialistas sino también para un público informado y culto, cada vez más amplio en las sociedades desarrolladas. Es cierto, en primer lugar, que los intelectuales, como señala Charles Kadushin, son "los consumidores más voraces de los escritos de sus colegas" 9, es decir, escriben pensando en primer lugar en los demás intelectuales. Pero, además, el intelectual quiere llegar al público informado y culto.
Si bien buena parte de la producción intelectual tendrá interés sobre todo para los especialistas de su propia área, el intelectual siempre deseará traspasar la frontera limitada de su propia especialidad. Además, la mayoría de los intelectuales participa en debates generales en torno a problemas no específicos de su especialidad en los que intenta ejercer de intelectual en todo el sentido de la palabra, es decir, como pensador que intenta influir en los grandes debates de la sociedad. Y un primer problema para conseguir ese objetivo en el contexto español es la inexistencia de alguna o algunas revistas que sirvan de medio de comunicación principal al conjunto de la comunidad intelectual, es decir, revistas que constituyan un referente obligado para la comunidad intelectual, que superen el marco de comunicación dentro de cada especialidad, en definitiva, revistas que sean el medio privilegiado para participar en el debate intelectual.
Es así que, para ejercer influencia, el intelectual debe recurrir a la participación en prensa de calidad y, a veces, en los medios audiovisuales. Así lo comentaba un intelectual:
"Es obvio que cuando escribo artículos científicos escribo para especialistas. Lo que ocurre es que determinadas materias sí pueden interesar a un público más amplio, a un público culto (... ). En los artículos de periódico es donde piensas en la opinión pública, personas capaces de entender un artículo de periódico".
Si bien el libro, las revistas y conferencias han sido tradicionalmente los medios principales de comunicación intelectual, los medios de comunicación de masas han pasado a ocupar una posición cada vez más importante entre los intelectuales, fundamentalmente el periódico, pero, en creciente medida, también los medios audiovisuales.Se podría afirmar que a finales del siglo XX los intelectuales viven un momento de transición en el que se ha hecho evidente que los tradicionales medios de difusión de su producción deben ser combinados con los nuevos medios de masas. Los medios tradicionales, y este es el tercer punto que señalábamos más arriba, se han hecho insuficientes para conseguir influencia intelectual en las sociedades post-industriales.
La influencia que se puede obtener a través de los libros y revistas especializadas es limitada. Y es limitada, no sólo porque el público lector se reduce a minorías cultivadas, sino también porque, en virtud de la importancia de la especialización en todas las áreas científicas, esa minoría cultivada se reduce aun más a especialistas de cada área. Esto es especialmente cierto en relación a las revistas especializadas, pero ocurre también con los libros.La producción propia de cada especialidad es de tal magnitud en la actualidad que el intelectual pasa necesariamente gran parte de su tiempo dedicado a conocer las aportaciones de su propia especialidad y le queda un tiempo limitado para leer libros y revistas que salgan de ese ámbito específico.
A todo lo anterior se suma el hecho de que las revistas especializadas, en virtud precisamente de esa especialización, no constituyen el lugar idóneo para acoger el debate propiamente intelectual sobre los grandes problemas de nuestro tiempo. El libro, si bien sigue constituyendo un medio fundamental para el intelectual, debido a su extensión y a la lentitud de su proceso de elaboración, también presenta dificultades para constituir el espacio para el debate intelectual. Son las revistas interdisciplinares y los periódicos de calidad los que pasan a ocupar esa función y en una muy pequeña medida también los medios audiovisuales. Los intelectuales recurren crecientemente a esos medios para comunicar sus reflexiones y, al mismo tiempo, para conocer el estado del debate intelectual del momento.
En este sentido, señala Roderic A. Camp refiriéndose a los intelectuales mexicanos que " the media not only provide a source of livelihood for many Mexican intellectuals, they also are theprimary means of exchanging intellectuuals views " 10.
Los intelectuales son conscientes de esta realidad y a la hora de valorar los medios de comunicación más adecuados para vehicular la producción intelectual, se inclinan por la conveniencia de la combinación de todos los medios de divulgación; así lo comentaba otro intelectual:
" Normalmente, una persona que incide a través de la prensa y de los medios audiovisuales. Es decir, que el escaparate fundamental que lleva, por ejemplo, a Aranguren al público es el periódico o los medios audiovisuales. Lo que pasa es que para llegar a incidir en esos terrenos y, sobre todo, incidir con cierto fuste, lógicamente has tenido que escribir en libros y revistas especializadas y luego en revistas de información general (...); es un doble proceso. (...). Normalmente, para tener incidencia en el público en general has tenido que tener incidencia en la comunidad universitaria o intelectual, que es la que te permite dar el salto".
En definitiva, existe un consenso bastante generalizado entre los intelectuales en torno a la necesidad de recurrir también a los medios de comunicación de masas. Tanto para llegar al colega intelectual como para llegar al público informado y culto, se hace necesario recurrir con cierta periodicidad a esos medios que, además, proporcionan un eco entre el público masivo, eco que el intelectual no deja de apreciar, aunque éste no sea su objetivo principal. Señalaba en este sentido uno de los entrevistados:
" Yo creo que lo ideal es la combinación de la labor minuciosa, de cierto nivel. con la divulgación amplia a través de los medios de comunicación de masas"
El libro y también la revista especializada, hacen posible la plasmación del trabajo profundo, de investigación, el trabajo que acredita al intelectual y le confiere legitimidad para ejercer como analista de los problemas de su tiempo. Esta legitimidad se la otorgan, no sólo el público, sino, y, sobre todo, los demás intelectuales que son, no cabe duda, los más duros jueces para sus colegas. Y si las intervenciones de los intelectuales en los medios de comunicación de masas no quieren ser acusadas de charlatanería superficial deben ir acompañadas de una producción regular de libros y artículos en revistas especializadas. El elemento temporal, la pervivencia a través del tiempo, junto a las mayores posibilidades de profundidad, determinan la pervivencia de la importancia del libro.
Las complicadas relaciones entre intelectuales y medios de comunicación de masas
La creciente utilización de los medios de comunicación masivos por los intelectuales va acompañada, sin embargo, por una posición ambivalente respecto a esos medios que combina la atracción, por un lado, y la indiferencia y, a veces, cierto desprecio tanto por la prensa diaria como por los audiovisuales, por otro.
El análisis de las relaciones entre medios de comunicación de masas e intelectuales no debe dejar de lado esta cuestión, característica de las relaciones de los intelectuales de fin de siglo y los medios de comunicación de masas. Además, se podría hablar de un tercer elemento, el miedo, miedo que todavía una buena parte de los intelectuales siente hacia los medios de comunicación de masas. Este rasgo es especialmente aplicable al intelectual académico que es el que menos contacto tiene con ese tipo de medios.
La atracción que ejercen los medios de comunicación se debe, fundamentalmente, a la gran notoriedad que esos medios pueden procurar. Esta notoriedad es mucho más inmediata y mayor que la que puede obtenerse a través de las revistas especializadas y los libros y, como señalábamos, no sólo se alcanza entre el público masivo sino también entre los demás intelectuales, y, muy en especial, entre los intelectuales de otras especialidades.En este contexto se entiende la creciente participación de los intelectuales en los medios de comunicación de masas.
En relación a ese fenómeno se refería Johnson, algo exageradamente, pero no desprovisto de agudeza, al abandono de los intelectuales franceses de las revistas eruditas y de los debates serios para pasarse al pop; señalaba Johnson, refiriéndose a los intelectuales franceses, que "el moderno aspirante a intelectual ambiciona publicar en Le Nouuel Observateur, le Point y Le Monde, no en Annales o Tel Quel, y el culmen de sus aspiraciones es aparecer en televisión" 11.
Sin embargo, muchos intelectuales académicos también sienten desprecio por los medios masivos: les parecen superficiales y poco rigurosos, y alejados de las características que debe tener el producto intelectual. Muy representativo de esta tendencia es Régis Debray, un intelectual que participa en la vida política francesa con un cargo público con Miterrand, pero que critica agriamente la participación de los intelectuales en los mass-media: "People like Bernard-Henri Lévy are stars. Firstly, because they have an ego wich needs satisfying... and the job of the intellectual is to exercise an influence on the way the other people think. So the actual vector of influence is in the media nowdays. All the intellectuals are in the media. A few centuries ago you would have found these same people as preachers at Notre Dame, because that was where the action was. Tomorrow, if being in the circus is where the action is, they´ll learn how to do a flying trapeze act. These are not people who produce a body of serious work. They are people who want power. Stendhal did not exert any influence on his contemporaries. He wrote books. He created a body of work" 12 .
Además, esos mismos intelectuales que critican la participación en los medios de comunicación de masas sienten en muchas ocasiones desprecio por la figura del periodista: muchos académicos consideran al periodista un inferior en virtud de lo que piensan que es un producto de calidad inferior al del académico. En este contexto, muchos académicos todavía se sorprenden de que un periodista pueda ser considerado como un intelectual y difícilmente aceptan esa categorización. Es interesante, sin embargo, recordar lo que decía respecto a los periodistas uno de los padres de la sociología, Max Weber. Dijo Weber que el periodista "pertenece a una especie de casta paria que la "sociedad" juzga siempre de acuerdo con el comportamiento de sus miembros moralmente peores. Así, logran curso las más extrañas ideas acerca de los periodistas y de su trabajo. No todo el mundo se da cuenta de que, aunque producida en circunstancias muy distintas, una obra periodística realmente "buena" exige al menos tanto espíritu como cualquier obra intelectual, sobre todo si se piensa que hay que realizarla aprisa, por encargo y para que surta efectos inmediatos. Como lo que se recuerda es, naturalmente, la obra periodística irresponsable, a causa de sus funestas consecuencias. pocas gentes saben apreciar que la responsabilidad del periodista es mucho mayor que la del sabio y que, por término medio, el sentido de la responsabilidad del periodista honrado en nada le cede a la de cualquier otro intelectual " 13.
Por otra parte, los intelectuales de finales de siglo están todavía imbuidos de la alarma ante la sociedad de masas tan extendida a principios y mediados de este siglo, y muchos de ellos creen todavía en la distinción entre cultura de masas y cultura de élite. Todavía está extendido entre muchos intelectuales ese concepto de la sociedad de masas entendida en claves de alienación, manipulación, falta de calidad y cierto anti-intelectualismo. Además, la sociedad de masas se entiende dentro de ese contexto teórico en el seno de una secuencia temporal según la cual "hemos ido a peor y seguimos a peor", es decir, a través de conceptos como el de opinión pública desarrollado por Habermas según el cual hemos pasado de una supuesta sociedad de públicos, en la que un público informado y culto discutía sobre los problemas de interés público, a una sociedad de masas, donde ciudadanos desinformados e incultos son manipulados, entre otras vías, a través de los medios de comunicación de masas. 14
Edward Shils plantea una sugestiva crítica a los críticos de la sociedad de masas señalando que corresponde a una visión errónea de la sociedad occidental de las últimas décadas: "It is a gross distorsion of certain features of the large-scale liberal-democratic societies of the west. It is taken from a stand point wich postulates, as the right ordering of life, an entirely consensual peffectly integrated, small-scale society, pemeated by the set of common theological beliefs wich give meaning to every aspect of life. Empirically, this view is blind to the whole range of phenomena indicated in this paper; theoretically, it fails to see that no society could go on reproducing itself and maintaining even a coerced order if it coreesponded to the description given by the critics of mass society. Yet the conception of mass society has the merit of having responded, however erroneously, to a characteristic feature of this recent phase of modern society; namely, the entry of mass of the population into greater proximity to the center of society". 15
Se podría añadir a Shils que esa misma proporción de la sociedad, generalmente la mayoría, también permanecía totalmente fuera de todo tipo de cultura, entre otras cosas porque no sabía ni leer ni escribir, por lo que la sociedad de masas ha significado para esa porción de la población la posibilidad de acceso a la cultura, sea o no de masas.
El problema es que ese acercamiento al centro y a la cultura ha traído consigo dos consecuencias:
1) En tanto que hay centralización, la posibilidad de control, sea político o cultural, es mucho mayor.
2) En tanto que hay acceso masivo a la cultura, el campo de la cultura se amplía, tanto en el sentido cuantitativo como cualitativo. Ambas consecuencias son negativamente percibidas por muchos intelectuales ya que: a) los intelectuales son reacios a cualquier posible proceso de ampliación del control o de la manipulación, y b) toda ampliación del campo de la cultura debilita posiciones elitistas, ocupadas por los intelectuales, por mucho que se creen nuevos elementos de distinción.
Por otra parte, existe un último aspecto que quisiéramos destacar y es que se podría hablar de un cierto miedo entre gran parte de los intelectuales hacia los medios de comunicación de masas. La notoriedad atrae pero asusta y esto se podría explicar en función de varios factores:
1) El producto de los medios masivos es muy diferente del académico, exige condensación y precisión.
2) El ritmo temporal es también muy diferente ya que en los medios masivos los análisis deben estar conectados con el acaecer diario y, en muchos casos, deben ser incluso análisis de urgencia.
3) En tercer lugar, y este factor es muy importante, los medios masivos obligan a posicionarse sobre los problemas de actualidad, exigen una definición de posturas personales, definición que es bastante fácil eludir en el trabajo académico pero imposible en estos medios.
En definitiva, crítica a la masificación, desprecio ante lo que se considera falta de calidad y cierto miedo a un campo que no se controla, dan lugar a una todavía difícil relación de los intelectuales con los medios de comunicación de masas. Los intelectuales no han terminado de asumir por completo la importancia del papel estos medios, también para la vehiculación de la producción intelectual. Si bien muchos intelectuales reconocen la importancia de la complementariedad de los diferentes medios y la necesidad de que los libros y artículos en las revistas especializadas vayan acompañados de intervenciones en los mass-media, todavía queda una considerable desconfianza hacia estos medios en función de su posible falta de adecuación al trabajo intelectual.
Algunos efectos de las nuevas relaciones entre intelectuales y mass-media
Si bien las relaciones entre intelectuales y medios de comunicación de masas continúan siendo difíciles, es indudable que se han visto beneficiadas por el creciente papel que los mass-media, y la prensa de calidad en particular, juegan entre los intelectuales. ¿Cuáles han sido los principales efectos de esta intensificación de relaciones? Brevemente, y a modo de conclusión, se pueden apuntar tres:
1) Una ampliación de la esfera de debate intelectual y, por lo tanto, de capacidad de influencia de la élite intelectual.
2) Cierta desacralización de la actividad intelectual y, por lo tanto, una tendencia al mayor acercamiento entre intelectuales y público.
3) Un asentamiento entre los intelectuales de la conciencia de la necesidad de utilización de los medios de comunicación de masas como vehículo imprescindible junto al libro y la revista especializada.
En primer lugar, es indudable que la masiva utilización que los intelectuales están haciendo de la prensa de calidad ha contribuido a la ampliación de la esfera de debate intelectual. Esta ampliación, eso sí, debe ser entendida en el contexto de algunas de las grandes transformaciones características de las sociedades post-industriales. Entre estas grandes transformaciones, una nos interesa especialmente, la referente a la ampliación de las posibilidades de acceso a la cultura y a la educación de una gran parte de la población. Ello ha dado lugar a un numeroso sector de público culto e informado que, sin pertenecer a la élite económica, política o intelectual, está interesado en la producción intelectual y la sigue con asiduidad a través, fundamentalmente, de la prensa de calidad.
La creciente utilización por parte de los intelectuales de los mass-media, que responde en gran medida a la transformación señalada, tiene, a su vez, el efecto de ampliar el campo de debate intelectual. Los intelectuales son leídos y conocidos por un público mucho más amplio que el de la propia especialidad o el del conjunto de la comunidad intelectual, público al que llegan a través de libros y revistas especializadas. El pensamiento intelectual se expande a través de la numerosa capa culta de las sociedades post-industriales. incluso la posibilidad de acceso a las élites políticas y económicas aumenta dada la intensa utilización que estas élites realizan de la prensa de calidad. Por lo tanto, cabe presumir un aumento de la capacidad de influencia de la élite intelectual en las sociedades post-industriales.
Es cierto que el aumento de la capacidad de influencia de los intelectuales ha podido ser contrarrestado con el creciente poder de persuasión de los medios audiovisuales o con la intensificación del rol de líderes de opinión de los políticos profesionales a través de esos mismos medios de comunicación de masas. Ahora bien, es cierto también que las posibilidades de influencia del intelectual son mayores que nunca en las sociedades post-industriales. Es difícil probar si han sido efectivamente cumplidas pero estas nuevas relaciones con los medios de comunicación de masas parecen indicar que sí.
En segundo lugar, y en virtud de esa intensificación de la comunicación con el público, es posible hablar también de cierta desacralización de la labor intelectual. El elitismo inherente a la actividad intelectual no ha desaparecido, pero sí parece haber sido matizado por estas transformaciones. La mitificación que el propio intelectual ha realizado de su labor ha tenido mucho que ver con esa autocompasión y escepticismo que caracteriza a la élite intelectual, pero ha tenido que ver también con otros fenómenos más graves como ciertas posturas críticas de los intelectuales hacia la democracia.
En unas interesantes páginas señalaba Juan Linz que ha existido cierta ambigüedad en las relaciones de los intelectuales con la democracia y que las causas deben buscarse en una buena medida en el elitismo de los intelectuales y en su aversión hacia el hombre medio16. La intensificación de las relaciones de los intelectuales con los medios de comunicación de masas y, por lo tanto, con más amplias capas de la sociedad, han contribuido muy posiblemente a la atenuación de esa carga mítica y de f se elitismo.
Por último, todo este proceso ha dado lugar a una consecuencia fundamental que engloba a todas las demás, y es la clara asunción por parte de la comunidad intelectual de que las características de la producción intelectual y su distribución y las características del público hacen necesario a finales del siglo combinar la utilización del libro y la revista especializada con un recurso cada vez más frecuente, sobre todo a la prensa de calidad, pero ocasionalmente también a los medios audiovisuales. Y esa asunción ha ido acompañada también de una percepción mayoritaria de que esa utilización de los medios de comunicación de masas no necesariamente ha de significar el sacrificio de la calidad en la producción intelectual.
Notas
1. DE MIGUEL, A., Los intelectuales bonitos, Planeta, Barcelona, 1980.
2. KADUSHIN, C., The american intellectual elite. Little, Brown, 1974.
3. Estos datos y otros sobre los intelectuales vascos que aparecerán a lo largo de estas páginas corresponden al trabajo, URIARTE, E., Los intelectuales vascos, Universidad del País Vasco, Lejona, 1995.
4. ORTEGA, F., "Los nuevos intelectuales orgánicos", en Claves, nº 24, julio-agosto 1992., p. 43.
5. URIARTE, E., op. cit.
6. Señalaba Vidal Beneyto que un periódico de referencia dominante tiene tres funciones básicas: "a) la de ser referencia imprescindible para los otros medios de comunicación, tanto escritos corno audiovisuales, que no producirían sus propias opiniones o juicios sobre el tema sin tener antes conocimiento de las de estos diarios, refiriéndose o no de modo explícito a ellas; b) la de ser plataforma privilegiada para la presencia y expresión de los grandes líderes políticos, las grandes instituciones sociales, las asociaciones de carácter nacional, etc., cuando quieren dirigirse a los grupos rectores del país; c) la de servir a las cancillerías extranjeras de referencia prevalente sobre la realidad y problemas del propio"; en VIDAL, BENEYTO,J. / IMBERT,G.: El País o la referencia dominante. Mitre, Barcelona, 1986, pp. 19 y 20. Vidal Beneyto se refiere también a esta cuestión en VIDAL, BENEYTO,J.: Diario de una ocasión perdida. Kairós, Barcelona, 1991, pp. 201-212.
7. Los intelectuales vascos mencionan El Correo y no El Diario Vasco ya que consideran a este segundo periódico como parte del mismo grupo del que el principal medio es El Correo.
8. La importancia del elemento ideológico se vuelve a constatar cuando se analiza el dato de la lectura de diarios: se observa entre los intelectuales vascos que aunque la mayor parte lee los periódicos considerados más influyentes, hay una proporción muy importante que lee el resto de diarios, confirmando así una tendencia común al conjunto de ciudadanos, tendencia según la cual la gente tiende a leer los medios que están de acuerdo con su ideología.
9. KADUSHIN, C.: " Los intelectuales y el poder cultural ", dentro de V.V.A.A.: Los intelectuales en la sociedad de la información, Anthropos, Barcelona, 1987.
10. CAMP, R.: Intellectuals and the State in Twentieh-Century Mexico, University of Texas Press, Austin, 1985.
11. JOHNSON,R,W.: " Los intelectuales franceses se pasan al pop ", Debats, n° 21,. Criticaba también Bernard Henri Lévy la fascinación ejercida por la televisión entre los intelectuales de los que decía que estaban "persuadés que c'est dans le tube cathodique que se perd-ou se sauve-une ame", en LEVY, B.H., Éloge des intellectuels, Grasset, Paris, 1987.
12. Son palabras de Régis Debray incluidas en la obra CAMBER PORTER, M., Through Parisian Eyes, Oxford University Press, Oxford, 1986.
13. WEBER, M., El político y el científico, Alianza, Madrid. 1981, pp. 1 17 y 1 18. A la reflexión de Weber se podría añadir la de Bernard Henri Lévy para quien "le travail journalistique, forme la plus achevée de la l'activité intellectuelle...Je crois, moi aussi, qu'il y a dans un article de Journal une rencontre de l'urgence et de l'exigence, du style et de la circonstance qui pourrait bien etre. apres tout, une bonne définition de la pensée", LÉVY, B.H., op. cit.
14. HABERMAS, J., Historia y crítica dela opinión pública, Gustavo Gili, Barcelona.
15. SHILS, E., The Constitution of Society, The University of Chicago Press, Chicago, 1982. pp. 70 y 71.
16. LINZ, J., La quiebra de las democracias, Alianza, Madrid, 1987.
Oprima acá para ver el documento completo en línea.
Para más información contacte a:
Edurne Uriarte
E-mail: zipurbee@lg.ehu.es
Comments
- Inicie sesión para enviar comentarios