Acción para el desarrollo en América Latina con sociedades informadas y comprometidas
Hora de leer
10 minutes
Leer hasta ahora

Televisión Infantil: Regulación, Producción, Financiación

1 comment
Date
Resumen

En su discurso inaugural durante la VI Muestra y Conferencia Internacional - TV de Calidad 2007, Patricia Edgar hace un recuento del proceso desarrollado en Australia durante los últimos 40 años para pasar de tener una una televisión para niños completamente dependiente de los contenidos foráneos, a una industria de televisión infantil fortalecida por las historias locales pero con tanta fuerza global que ha convertido a Australia en uno de los exportadores de televisión infantil más importantes del mundo.

 

Se destacan los roles desempeñados por el Comité de Programas Infantiles del Tribunal Australiano de Emisiones, encargado del diseño de las directrices para los programas infantiles y la publicidad dirigida a la infancia, así como el establecimiento de un sistema clasificación de los programas diseñados específicamente para niños y por la Fundación Australiana para la Televisión Infantil, creada para promover la producción de una televisión infantil australiana de alta calidad y contribuir a crear un sentido de identidad nacional entre la audiencia más joven.

Textocompleto

La historia de la televisión australiana durante los últimos 40 años es un estudio de caso sobre cómo realizar cambios en un sistema de radio-teledifusión. La televisión llegó a Australia en 1956. Y durante los siguientes 25 años, todos los informes del gobierno sobre la televisión manifestaban una profunda preocupación sobre la televisión infantil. No sabíamos entonces lo que sabemos hoy sobre el desarrollo del cerebro. Pero siendo una maestra apasionada por el cine, yo sentía un profundo resentimiento frente al hecho de que no hubiera historias australianas en la televisión australiana, especialmente en la televisión infantil.

 

En 1976 se realizaron algunas reformas, cuando el gobierno decidió realizar una encuesta sobre auto-regulación para programadoras. Se trataba de un gobierno conservador que apoyaba los intereses comerciales en la televisión. Filosóficamente, la posición del gobierno tendía a la des-regulación y a la introducción de la auto-regulación, pero la respuesta de la población los tomó por sorpresa.

 

Más de 500 peticiones ante el Tribunal Australiano de Emisiones argumentaban que la TV debería ser regulada para garantizar la calidad y el que hubiera una programación infantil hecha en Australia. Las personas manifestaban su preocupación por el contenido de los programas, la ausencia de programas diseñados especialmente para niños, la mala calidad de los pocos programas disponibles, el alto número de repeticiones, la cantidad de material foráneo emitido, la naturaleza de la publicidad dirigida a los niños, y la explotación de los niños a través de la comercialización de los personajes de los programas.

 

La discusión pública de estos problemas ante el Tribunal de Emisiones contribuyó a que la industria y el gobierno tomaran conciencia de las dimensiones de insatisfacción del público con la televisión infantil y fortaleció la decisión de actuar del Tribunal. Se formó un Comité de Programas Infantiles (CPC, sigla en inglés), se le dio la responsabilidad de diseñar unas directrices para los programas infantiles y la publicidad dirigida a la infancia, y se le encomendó la clasificación de los programas diseñados específicamente para niños. Se me nombró directora del Comité, y lo fui por 5 años, tiempo durante el cual definimos los Estándares (Normas) y creamos un sistema de clasificación de los programas.

 

La experiencia australiana es un estudio de caso de una larga -y a menudo amarga- disputa, y demuestra lo difícil que es realizar cambios en un sistema de teledifusión. Sin embargo, el ente regulador de las emisiones y el interés público prevalecieron y el gobierno estableció cuotas de programas infantiles. La legislación ha sido revisada varias veces durante los últimos 30 años y la Administración de Radio-Teledifusión – llamada ahora la Oficina Australiana de Comunicaciones y Medios (ACMA)- ha cambiado 4 veces. Los Estándares para la Infancia están siendo nuevamente sometidos a revisión este año, para que cobijen el impacto de los nuevos medios.

 

Cuando los Estándares fueron introducidos por primera vez en 1978, gran parte del debate giraba alrededor de la definición de programa infantil. Las directrices exigían dramatizados, documentales, magacines y programas informales hechos en Australia, y diseñados específicamente para niños. Las directrices hacían énfasis en que los programas no fueran didácticos, instructivos, o abiertamente educativos, sino que deberían ser sobre todo entretenidos y tratar temas que interesaran a los niños; que fueran diseñados y presentados de tal forma, que pudieran ser fácilmente apreciados y comprendidos por los niños. No deberían ser programas familiares, dirigidos a una audiencia general.

 

Como con toda regulación, los regulados tendían a buscar formas para no seguir las directrices. Menos de tres años después de la introducción de la clasificación C, las estaciones encontraron una fórmula para cumplir con los requerimientos de la regulación, fórmula que incluía media hora de programas de variedades y un alto número de repeticiones de programas australianos y extranjeros; había muy poca diversidad y no se estaban produciendo dramatizados australianos nuevos – que para mi Comité era el aspecto más importante de la programación. Las programadoras simplemente no estaban interesadas en tratar de que la programación infantil tuviera éxito.

 

En cambio, estaban tan ofendidos por los estándares y por el intento de restringir su concepción netamente comercial de la programación, que cuestionaron ante una Corte Federal la legalidad de los estándares, tan pronto como estos fueron implementados. Cuando perdieron, llevaron la batalla a las Altas Cortes, que declararon que las normas para los dramatizados infantiles no eran válidas. En vista de la decisión de las Altas Cortes, el gobierno actuó rápidamente e introdujo una Ley de Enmienda fortaleciendo la Ley sobre Teledifusión y confirmando los poderes del Tribunal.

 

Siempre había una tensión entre las programadoras y el regulador, en la medida en que el Tribunal trataba de imponer unas políticas a la televisión infantil donde realmente se exigiera que se desarrollaran programas que entretuvieran, y que tuvieran un propósito cultural serio y bien desarrollado, mientas que las programadoras, en una estrategia comercial agresiva, buscaban minimizar sus costos y ampliar su audiencia tanto como fuera posible.

 

Las iniciativas del Gobierno australiano respecto a la programación infantil eran únicas en el mundo; la actitud generalmente aceptada, con respecto a la regulación de las emisiones, era la desregulación. Las reformas se dieron porque el gobierno vio el apoyo fuerte de la sociedad civil para tener una mejor televisión infantil.

 

Una vez que las normas estaban firmemente incrustadas en la legislación, el reto que enfrentaba el Comité de Programación Infantil era definir el tipo de programa que se buscaba con esas leyes. Molestas por haber perdido ante la Corte, las programadoras no los iban a producir. Sus argumentos eran que ellas ignoraban cómo eran esos dramatizados infantiles y que de todos modos en Australia nadie estaba en capacidad de producirlos. Así, las programadoras –opuestas a unas regulaciones que según ellas reducían los márgenes de utilidades, pero obligadas por la ley a producir los programas- se sentaron a esperar a ver con qué salía la industria independiente. No había una base para fomentar la creación de programas infantiles de calidad y no había una base institucional para contratar escritores, directores y productores que trabajaran en el campo de la producción.

 

Un grupo de personas decidió reunirse para tratar de encontrar una solución a estos problemas. Decidimos utilizar el Año Internacional de la Infancia - 1979 como una plataforma para crear una Fundación para la Televisión Infantil, que diseñaría programas modelo que demostraran que la audiencia infantil vería esos programas y que serían exitosos.

 

Nuevamente, se dio un gran debate político, que resultó en un informe en el que todos los Estados y Gobiernos de la Comunidad acordaron en principio crear una Fundación Australiana de Televisión Infantil. El Informe del Partido del Trabajo reconoció que las acciones legislativas o reguladoras por sí mismas no estaban produciendo las mejoras de la televisión infantil que se habían esperado. Si la industria no hubiera adoptado una posición tan beligerante, hubiéramos alcanzado nuestras metas mucho más fácilmente y esta es una lección que otros deberían aprender.

 

El informe presentado por los Ministros de Educación de todo el país concluía que “una mejoría sustancial en la cantidad y calidad de la programación requiere una alta inversión de dinero. No se logrará un avance importante en la calidad de los programas de la televisión infantil, a menos que los gobiernos, las programadoras y otras fuentes de financiación cooperen para enfrentar ese reto. La forma más rentable en términos de costo-efectividad para enfrentar el problema y la única que podría alcanzar los progresos requeridos, era crear una nueva organización, un cuerpo independiente con una identidad nacional, sin vínculos de lealtad con intereses comerciales, y capaz de ganarse el respeto de todos los sectores involucrados, debido a su actitud constructiva”. La principal función de la Fundación era la de fomentar la producción y transmisión de programas infantiles de calidad.

 

Esto lo lograría formando escritores, directores y productores que trabajaran en programación infantil; buscando fondos en entidades del gobierno y en otras fuentes, para invertir en la producción de programas de televisión infantil de alta calidad; participando en coproducciones; patrocinando y adelantando investigaciones en todos los aspectos relevantes relacionados con la televisión infantil; promoviendo la educación en los medios masivos; posicionando y comercializando los programas en los que la Fundación tuviera un interés económico.

 

La Fundación fue creada como una Compañía Limitada, financiada por el gobierno y fuentes privadas, pero es independiente y puede realizar operaciones comerciales. Debe responder ante todos los Estados y Territorios de Australia. La Fundación no es una productora con estudios, sino un creador y promotor de producciones ante la industria independiente, con el poder de encargar (comisionar) proyectos que ella creó.

 

Nos era muy claro que el propósito de la Fundación era producir una televisión infantil australiana de alta calidad y contribuir a crear un sentido de identidad nacional entre la audiencia más joven. Está orientada hacia la infancia y la programación. No busca crear oportunidades de trabajo y empleos para la industria. La Fundación no está orientada a producir una mejor televisión a nivel mundial, sino a nivel nacional. Y no voy a pretender que alguna de estas metas haya sido fácil.

 

Yo fui el Directora y Fundadora de la Fundación Australiana para la Televisión Infantil y a lo largo de un período de 20 años, la Fundación ha desarrollado una industria productora australiana que ha producido programas exitosos bajo todo punto de vista. Y lo que es más importante aún, los programas funcionaron ante la audiencia a la cual iban dirigidos. Nosotros les contamos historias australianas a unos niños australianos; ellos se vieron reflejados en la televisión y es difícil medir el impacto y la autoestima que una generación siente cuando comprenden que son relevantes culturalmente.

 

Los programas han tenido éxito frente a la crítica, como se evidencia por el número de premios que han recibido. Creamos un mercado internacional para los programas australianos; nuestros seriados se han vendido en más de 100 países alrededor del mundo. Este es un sub-producto –no es nuestro principal objetivo – pero es un sub-producto útil.

 

La ACTF marcó una nueva dirección y una nueva profundidad para la televisión infantil. Todos los programas cuentan historias con personajes tridimensionales; y muestran la diversidad social de Australia. Creamos nuevos héroes y - a diferencia de los héroes de Hollywood- les permitimos cometer errores, como las personas reales que conocemos. Contamos historias acerca de personajes que crecieron mediante la resolución de conflictos y la experiencia. Los protagonistas principales en nuestras historias son niños y niñas; se muestra cómo cambian los adultos y sus imperfecciones. Planteamos interrogantes éticos, mostrando que no siempre hay una respuesta claramente correcta o claramente errada, que la rabia no siempre es mala, y que la violencia tiene consecuencias. Mostramos que los hombres tienen tanta responsabilidad emocional como las mujeres, tienen sentimientos, aman y cuidan a los niños.

 

Todos los programas tenían un currículo. Ellos educaban y entretenían y animaban a los niños a involucrarse en actividades diferentes a ver televisión, particularmente en la lectura. Los personajes son modelos que animan a los niños a probar las cosas por sí mismos, a participar sin necesariamente ganar. Le mostramos nuestro país a los niños australianos y les mostramos que sus propias vidas merecían un examen detenido y que ellos podían ayudar a moldear el futuro.

 

Además de la regulación y la creación de la Fundación, el tercer componente de las políticas gubernamentales dirigidas a la televisión infantil, es la creación de la Corporación Financiera para el Cine Australiano, un banco para el cine que subsidia la producción de películas, documentales y series de televisión con contenido australiano. Bajo esta sombrilla de subsidios, a la producción de programas infantiles se le daría un tratamiento especial. Como se vio, los acuerdos financieros realizados por los productores de la televisión infantil a menudo excedieron los hechos para producir programas de adultos. Los recursos de la Corporación para la Financiación del Cine derivados de la venta en el extranjero de los programas infantiles fueron mucho mayores de lo esperado.

 

La historia de la televisión infantil australiana demostró que la regulación sola no es la respuesta. Las regulaciones necesitan ser monitoreadas continuamente para garantizar que los objetivos se alcancen, a medida que las circunstancias cambien, lo que invariablemente sucede. La segunda lección aprendida es que la calidad no es garantizada en un mercado libre. Los productores deben ser educados en cuanto a las necesidades de los niños, y deben ser altamente creativos. La producción para niños no es un buen lugar para productores sin experiencia o productores, escritores y directores poco exitosos. No se trata de un género inferior de producción, para ser utilizado como una puerta de entrada a Hollywood, aunque algunas personas así lo consideran.

 

Tercero, se debe reconocer que los mejores programas infantiles no necesariamente pagarán los costos. De la misma forma en que debemos subsidiar las escuelas, tenemos que subsidiar los programas que apoyan el desarrollo y la información de los niños. Ellos son el futuro, pero lo que cuenta es el presente. Debemos brindarle a nuestros niños las mejores posibilidades a nuestro alcance.

 

Mis mejores deseos para sus planes de programación infantil en Colombia.

Fuente
Presentación de Patricia Edgar en Televisión de Calidad 2007. VI Muestra y Conferencia Internacional. Bogotá, Colombia. 30 de agosto al 2 de septiembre de 2007.
Patricia Edgar ha sido pionera en el desarrollo de la televisión infantil australiana por más de dos décadas. Realizó estudios de pregrado en la Universidad de Melbourne, de Maestría en la Universidad de Stanford y de doctorado en la Universidad de La Trobe. Adicionalmente recibió un título honorario de doctorado en Letras de la Universidad de Western, Australia. Su trabajo está enfocado en los niños y la televisión. Es fundadora del Tribunal Australiano de Transmisión de Programas para Televisión Infantil. De 1982 a 2002, fue directora de la Fundación Australiana de Televisión Infantil (The Australian Children’s Television Foundation, ACTF, por sus siglas en inglés), organización desde la cual promovió el desarrollo de diversas producciones locales merecedoras por su calidad, de premios internacionales. Actualmente, es la Presidenta de la Fundación Cumbre Mundial de Medios para la Infancia (World Summit on Media for Children Foundation - WSMCF). Entre sus publicaciones sobre medios y televisión se incluyen: “Children and Screen Violence”, “Under Five in Australia”, “Media She (with Hilary McPhee)”, “The Politics of the Press” y más recientemente, “Bloodbath: A Memoir of Australian Television”.

Comments

User Image

muy bueno,por nesecitamosa ayuda para producir un buen programa infantil educativo en la ciudad de iquitos peru