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Promotoras comunitarias - creación de espacios de comunicación

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Del silencio a la acción
Minga Perú y el proyecto "Promotoras Comunitarias"
Informe de evaluación


2. La creación de espacios de comunicación y el proyecto "Promotoras Comunitarias"

La línea de base
Las promotoras comunitarias entrevistadas, con una excepción, cuentan con algún nivel de estudios escolares —en promedio, primaria completa—; algunas inclusive cuentan con estudios secundarios. En este espacio de comunicación —la escuela— recuerdan haber escuchado lecciones donde se les habló de derechos y deberes ciudadanos, de justicia, de la igualdad ante la ley. Fuera del ámbito escolar, las mujeres refieren también haber asistido a "charlas" organizadas por dependencias del gobierno acerca de temas de salud reproductiva, el cuidado de sus cuerpos, y la atención de problemas de salud infantil. Otras señalan haber asistido a talleres de formación donde fueron instruidas en labores productivas. Todo esto antes de su encuentro con Minga Perú.

Durante el trabajo de campo entrevistamos especialistas en salud —parteras, médicos vegetalistas—, quienes nos informaron sobre el uso de plantas medicinales. Así, hablaron de plantas para evitar el embarazo, o para tratar la infertilidad —masculina y femenina—, o plantas abortivas. O plantas para el cuidado durante el parto, o después de él. O para resolver problemas relacionados a la lactancia. O para tratar problemas de impotencia masculina. Esta información nos permite deducir que la posibilidad de decidir sobre la reproducción —y, en general, sobre el cuidado del cuerpo— está presente, como derecho, en los discursos locales (véase Rivas 1994, Arévalo 2000).

El derecho al goce sexual —si bien no es fraseado en estos términos— también parece formar parte de sus conocimientos previos. En un testimonio donde se expresa una visión del varón como proveedor, este rol es mencionado no sólo con relación a la provisión de bienes materiales, sino también a su rol como proveedor de goce. El término empleado localmente es "servir". Al contarnos acerca de la infidelidad de una tercera persona —una mujer—, una de las promotoras señalaba que el marido le "servía" bien pues cumplía con su rol de mantener materialmente las necesidades de su hogar. Al explicarse por qué, aun así, la mujer le era infiel, la promotora proponía la hipótesis de que seguramente el marido "no le servía" en la intimidad. Añadimos que casi todas conocían casos de infidelidad —de mujeres y varones—. De hecho, varias de ellas coincidieron en que una de las causas de violencia doméstica eran los celos (véase Proyecto "Promotoras Comunitarias" 1998, Arévalo 2000).

Sin dejar de tener presente que estamos hablando de personas que viven en condiciones de pobreza extrema, algunas mujeres expresaron que cuentan con ingresos propios —como señalamos, provenientes fundamentalmente de la crianza de animales menores o del comercio a pequeña escala—, de los que pueden disponer. Además de participar de la esfera del trabajo, no parece existir localmente una "costumbre" que les expropie el fruto del mismo.

Y sin embargo... Como adelantamos en la introducción, en otros momentos de las conversaciones que sostuvimos, las mujeres manifestaron el haber sentido —antes de su encuentro con Minga Perú— frustración, desesperanza, la convicción de no poder aspirar a mejorar sus condiciones de vida. Parte de estos sentimientos provienen de no haber podido proseguir sus estudios y adquirir alguna habilidad laboral —seguir sus vocaciones—. Esta situación, a su vez, está relacionada con embarazos tempranos o no planificados, y, como dijimos, a la discriminación a la que se ven sometidas las mujeres en términos de su educación secundaria —sobre todo en el caso de las comunidades pequeñas— en sus familias de origen. Una vez que ya son madres, disminuyen aún más sus posibilidades de adquirir habilidades o proseguir sus estudios pues sobre ellas descansa el cuidado de sus hijos. Esta situación se agrava ante la migración de sus parejas en busca de otras fuentes de ingresos. Y, peor aun, cuando sus parejas abandonan sus hogares y ellas asumen toda la responsabilidad del cuidado de su prole (véase Arévalo 2000).

La preocupación por la educación también se puso de manifiesto cuando se les preguntó acerca de lo que desean para sus hijas e hijos, lo que quisieran que ellas y ellos sean. Invariablemente respondieron que querían que sean profesionales. En esta expresión, uno de los mensajes implícitos es el deseo de que su prole deje el campo, que adquiera habilidades para vivir en la ciudad. El mensaje es: "no sean chacareros". Sin duda, tras este mandato está la preocupación por salir de la pobreza, dadas las pocas posibilidades de desarrollo económico que les ofrece su actividad productiva. Pero el mandato de "urbanizarse", de "profesionalizarse", señala también una preocupación porque sus hijas e hijos adquieran "capital simbólico", que adquieran otro estatus, que "asciendan socialmente". Por último, tras este mandato se expresa lo que ellas hubiesen querido para sí.

Al referir sus sentimientos de malestar, señalaron también el problema de la violencia que vivían en sus hogares —y a cuya solución también ha contribuido el encuentro con Minga Perú—. Las promotoras entrevistadas al hablar sobre este tema no solo se refieren al "maltrato" que recibían de sus parejas —que en algunos casos incluyó la violencia física—, aludían también a la violencia que ellas ejercían sobre sus hijos e hijas y, algo que es importante señalar, a la violencia que sentían contra ellas mismas —cólera, rabia—. Pero el malestar expresado por las mujeres, como adelantamos, se refiere también a relaciones de poder que están más allá del ámbito de sus hogares y comunidades.

La pobreza material, la inequidad de género al interior de sus hogares y comunidades, y los consiguientes deseos truncados, junto con la discriminación que atañe a diversos aspectos de sus identidades, confluyen para producir un sentimiento general de malestar, una autopercepción como personas que no son, no pueden, no tienen; es decir, como personas carentes, asumiendo, así, como propia la interpretación que a través de diversos discursos construyen las élites sobre las poblaciones subalternas. Una vez que llegan a esta situación, pareciera que inclusive aquellos elementos de su propia cultura, que podrían haberles sido de algún beneficio, dejaron —en un momento— de tener valor, o, para decirlo en una jerga de la economía: no eran activo. Algo similar sucede con la información recibida en diversos espacios "escolares".

Los párrafos anteriores constituyen pinceladas que en conjunto pretenden reconstruir una "línea de base", el lugar de donde partió el encuentro entre Minga Perú y las mujeres ribereñas. Pero también nos sirven para intentar comprender la manera como evalúan las mujeres a Minga Perú; como adelantamos en la presentación, el aspecto que ellas más enfatizan es el de la recuperación —o logro— de su autoestima.

Es este resultado la piedra de soporte que permite que tanto sus recursos culturales como la información recibida, y las nuevas habilidades adquiridas, se conviertan en activos. De hecho, parte de la labor de Minga Perú consiste en la transmisión de nueva información —conocimientos médicos, información jurídica, tecnologías de producción—, o en la enseñanza de nuevas habilidades manuales —tejidos, corte y confección, cosmetología, carpintería—. Las mujeres valoran hoy todos estos aportes y se vienen beneficiando de ellos, es decir, constituyen activos para ellas; se trata de instrumentos que contribuyen a su mejor vivir porque la recuperación de su autoestima implica verse ante un futuro, sentir que tienen posibilidades, derechos efectivos.

El cambio de manera de pensar sobre sí mismas ha conducido también a un cambio de actitudes. Por ejemplo, en el ámbito doméstico, señalan que han transitado de un estilo de relación confrontacional a un estilo más constructivo, tanto en la relación con sus parejas como con sus hijas e hijos. En el ámbito comunal han asumido roles más activos: como educadoras, como personas propositivas, como personas que ejercen un control social. A nivel de la cuenca acaban de formar la Red de Mujeres del Marañón. Y, junto con las mujeres y varones de otras cuencas, a través de sus cartas al programa Bienvenida Salud, vienen constituyendo una red que la podemos pensar como una de corresponsales, todavía invisible en términos formales, pero que en la práctica viene convirtiéndose en una comunidad regional que cumple funciones, entre otras, de vigilancia social.

Nota sobre Cutipa e Icara
Durante el trabajo de campo aprendimos dos palabras del lenguaje médico local que queremos emplear, a manera de metáforas, para ordenar nuestra exposición: cutipa e icara. Al elegir estos términos intentamos también construir un discurso que permita una comprensión de las experiencias de las promotoras, en su relación con Minga Perú, desde su propio universo conceptual.

La idea central de la cutipa es que algo penetra al cuerpo y causa daño, malestar; es vista también como una "contaminación", como una situación de impureza. La persona cutipada presenta debilidad, inmovilidad, tristeza. La salud conlleva en este caso la idea de purificación, de expulsión del daño, gracias a la acción del médico vegetalista, sea mediante una dieta e ingestión de remedios, o a través de la icara, una forma de oración que permite al especialista succionar el mal; la icara es un ritual donde la salud se logra a través de una acción comunicativa.

Si bien en las conversaciones que sostuvimos con las promotoras no surgió el término, al recordar ellas su situación inicial como un "sentirse mal", sin posibilidades, sin derecho a soñar, como "no valer nada", con "miedo a reclamar", o como "no sentirse bonitas", sentimos que es posible decir que una persona sin autoestima es una persona cutipada. Una cutipa, como vimos, que penetra a través de un sistema jerárquico de relaciones que no sólo hiere un aspecto de su identidad, sino que causa un trauma en múltiples aspectos que, a nivel de la subjetividad, expresan todo un sistema de relaciones de poder.

De otro lado, el trabajo central de Minga Perú puede ser descrito como uno de creación de espacios de comunicación, los cuales, al posibilitar la recuperación de la autoestima de las mujeres, pueden ser vistos también como el lugar donde se produce la icara. Esto se produce mediante la comunicación, la praxis comunicativa que icara el mal.

Así, podemos decir que el primer impacto —por su importancia— del trabajo de Minga Perú, es sobre las subjetividades, sobre las maneras de pensar que sobre sí mismas tienen las mujeres. Producida la icara, la "purificación", surge un futuro, la posibilidad de tener "proyecto de vida". Al mismo tiempo, las "capacidades instaladas" entran en producción, y se abren los caminos para adquirir nuevas.

2.1. Minga Perú y la creación de espacios de comunicación
Durante el trabajo de campo, el profesor Pascual Aquituari nos contó que se viene implementando el enfoque pedagógico constructivista en las escuelas de las comunidades que visitamos —en el marco de la propuesta de "educación bilingüe intercultural" del Ministerio de Educación—. Al hablar sobre el tema, él resaltó su importancia y adecuación para lo que podemos denominar el "empoderamiento étnico o cultural". Al proponer el aprendizaje —y ya no la enseñanza— como eje de la educación, el enfoque constructivista obliga a tomar en cuenta los saberes previos, pues es a partir de ellos que la o el estudiante desarrollará nuevas habilidades. El papel del o la docente, en este caso, es el de facilitar procesos de aprendizaje. Dicho en términos de la comunicación, este cambio de enfoque implica que la estudiante ya no es tan sólo una consumidora pasiva de mensajes sino que también se convierte en productora activa, producción que partirá desde sus propios saberes y desde su propia experiencia vital. En este caso, el propio acto educativo —que es un acto comunicativo— ya no considera al otro como un ser vacío a ser llenado, como un ser carente. Por cierto, este cambio tiene consecuencias para la construcción de la autoestima. Estableciendo una analogía, podemos decir que Minga Perú ha desarrollado una estrategia de comunicación "constructivista".

El circuito comunicativo de Bienvenida Salud
Minga Perú materializó su apuesta por la equidad de género y el empoderamiento de las mujeres a través de un programa radial, Bienvenida Salud. Con tres presentaciones semanales, que suman un total de 75 minutos al aire, la institución ha producido a la fecha más de 400 emisiones. Partiendo de un diagnostico inicial, el programa fue diseñado en torno a cinco ejes temáticos: Salud Comunitaria, Salud de la Mujer, Salud Reproductiva y Maternidad Segura, Nutrición y Manejo de Recursos Naturales, y Enfermedades Prevalentes y Salud del Niño. A primera vista se trata de un programa que transmite información.

Para dar a conocer el programa y captar la atención de la audiencia, Minga Perú realizó una serie de visitas a las comunidades de las principales cuencas de la región, las mismas que sirvieron también para sondear las expectativas de la audiencia potencial. Además, desde un inicio, y esto es muy importante, Minga Perú solicitó a su audiencia el envío de cartas al programa con sus comentarios —indujo este proceso a través de sorteos y concursos—, y para lo cual tuvo que desarrollar una serie de coordinaciones con las principales naves que recorren los ríos de la región.

El pedido de cartas no sólo era una estrategia para ir midiendo la audiencia; ante todo, Minga Perú las esperaba porque se quería que fueran el insumo para la preparación de los guiones del programa. Las cartas fueron llegando y, así, Minga Perú logró que quienes siempre habían sido considerados consumidores de mensajes, empezaran a "producirlos": tomaran la palabra. A la fecha, Minga Perú ha recibido más de 1 200 comunicaciones. Si bien el programa estuvo diseñado fundamentalmente para una audiencia femenina, buena parte de quienes escriben al programa son varones (42 por ciento). Además de sugerencias, comentarios y cuestionamientos (de varones) a los contenidos de los programas, con el tiempo las cartas empezaron también a portar denuncias sobre situaciones de violencia en las comunidades, y reclamos ante la situación de los servicios de salud estatales —las cuales son transmitidas a las dependencias del Ministerio de Salud; esta entidad ha reconocido la importancia de la colaboración de Minga Perú para el mejoramiento del servicio—. Poco a poco fueron llegando también consultas personales, confidencias, o simples agradecimientos y felicitaciones a las conductoras del programa. Fue también a partir de estas comunicaciones que Minga Perú empezó a concebir la creación del proyecto "Promotoras Comunitarias".

Este circuito comunicativo —radio – escritura – radio ...— es el que nos permite decir que la propuesta de Minga Perú es "constructivista". Las y los radioescuchas adquieren protagonismo, y en este proceso se "apropian" de un medio, descentralizando, así, el "poder de la comunicación". Además, dado que las cartas —la "escritura"— tienen consecuencias concretas —definen los guiones, son leídas, nombrada/os sus autoras/es, o llevan a cambios en la actuación del Estado—, el circuito contribuye a la creación de un sentido de conciudadanía, de comunidad. Señalamos, por último, que algunas personas han optado por escribir cartas con más continuidad, convirtiéndose, en la práctica, en una suerte de corresponsales en la región.

El radio-teatro
Cada programa radial está organizado en torno a uno de los ejes temáticos. El tema que se trata en un determinado programa es presentado de dos modos: como locución informativa y como radioteatro. Esta parte es la que hoy en día constituye la parte central del programa Bienvenida Salud y la convoca una mayor audiencia. En esta parte los personajes "viven" situaciones que se asemejan a situaciones de la vida real; la personaje central —Pasionaria o Pashuca— representa a una mujer que enfrenta situaciones problemáticas —de salud, de vida familiar, violencia, o en los servicios de salud—, ante las cuales la personaje encuentra o construye una solución.

Además del contenido explícito, el radioteatro porta un subtexto. Pasionaria va reconociendo sus derechos, sus cualidades, enfrenta la adversidad, construye soluciones, se solidariza con otras mujeres y adquiere nueva información. Pasionaria expresa también sus dudas, temores, malestares: los verbaliza; pero, en general, se presenta con un proyecto de vida.

2.3. Del silencio a la queja, de la queja a la acción: las promotoras comunitarias
Al crear el programa de formación de promotoras comunitarias, Minga Perú se propuso crear condiciones para que las mujeres adquirieran nuevos conocimientos, desarrollaran destrezas, y asumieran nuevas actitudes; entre éstas: "el incremento de la autoestima, [...] actitudes más protagónicas y proactivas frente a su realidad personal, familiar y comunitaria" (Proyecto "Promotoras Comunitarias 1998).

Como ya hemos reiterado, el beneficio más apreciado por las promotoras es el del logro de su autoestima. Es el impacto del programa en sus subjetividades, en sus maneras de pensar sobre sí mismas, el más valorado. A partir de este logro es que empieza a tener sentido aprender nuevos conocimientos y desarrollar destrezas, así como activar aquellas capacidades provenientes de su propia socialización.

Hoy en día existen dos promociones de promotoras —una tercera está en formación— que suman un total de 35 mujeres procedentes de 21 comunidades (véase anexo 3). La relación directa entre ellas y Minga Perú se concretiza mediante talleres de capacitación; con cada promoción se realiza 4 talleres anuales que tienen un a duración de 5 días cada uno. Adicionalmente, el equipo institucional visita las comunidades por lo menos dos ves al año. Es en este espacio donde las mujeres han ido compartiendo sus vidas, su experiencia, y un sentido de hermandad. Además de los momentos que son propiamente de capacitación, ellas valoran también los momentos informales de encuentro. En el proceso las mujeres han ido construyendo una identidad colectiva que ha dado lugar a la creación de la Red de Mujeres del Marañón.

En las conversaciones que sostuvimos, las mujeres refieren que, al asistir al primer taller, pensaban que asistían a un evento donde recibirían charlas de interés, e, inclusive, que se trataría de una única reunión. Algunas contaron con el apoyo de sus parejas y padres, pero la mayoría refiere que asistir al primer taller y, luego, continuar en el programa, requirió de muchas negociaciones y malos momentos. Los testimonios muestran que tenían expectativas de aprender algo, pero, al mismo tiempo, que iban con la idea de escuchar: de estar en silencio. Refirieron también sus temores, inclusive su vergüenza ante sus compañeras que tenían más años de instrucción escolar. Sus expectativas reflejan, es claro, su experiencia previa, la escolar, pero también su experiencia al asistir a charlas programadas por otras instituciones.

Gracias a las técnicas empleadas en los talleres, y, poco a poco, al construirse la confianza, las mujeres se fueron animando a participar. Así empezaron a hablar de sus problemas, frustraciones, e ilusiones. Podemos denominar a este momento como el de la "queja". Como señalamos, la contribución de Minga Perú fue la de crear un espacio donde se pudiera verbalizar el malestar, expulsar el "daño", lograr la icara. Luego vendría el tercer momento: la acción.

Además del cambio de actitud ante sí mismas y ante su familia, las mujeres han asumido papeles más activos en sus comunidades. En primer lugar cumplen una función educativa al compartir con las otras mujeres —y familias— de sus comunidades los conocimientos adquiridos; algunas lo hacen a través de las asambleas comunales, otras prefieren visitar a las otras familias, empezando por la red de sus familias extensas. En segundo lugar, las promotoras cumplen una función de vigilancia social pues hoy en día, además de conocer sus derechos, los pueden afirmar pues cuentan con medios para hacerlo: la escritura "efectiva" y la radio.

Las promotoras de la comunidad de San Regis, por ejemplo, están preparando una obra teatral para el aniversario de su comunidad. El tema que tratarán es el de la violencia. En otras comunidades vienen impulsando innovaciones en la producción agropecuaria —otro campo de acción de Minga Perú—. Otra promotora quiere realizar los trámites necesarios para que se instale una cabina telefónica en su comunidad. Algunas se han propuesto ser autoridades de sus comunidades y hacen campaña por ello.

Señalamos que entre las mayores frustraciones que expresan las mujeres es la de no haber podido continuar sus estudios —o iniciarlos en un caso—, y, junto con ello, el de no haber podido dedicarse a sus vocaciones, y, por tanto, el no tener posibilidades para salir de la pobreza. En general, no tienen muchas expectativas de que su situación mejore en función de sus actividades agropecuarias. Algunas han empezado a obtener ingresos en función de los tejidos —con diseños propios—; en general, la mayoría se siente capaz para los negocios; las más jóvenes, con gran esfuerzo, están prosiguiendo sus estudios secundarios; una de ellas ha empezado a cumplir su sueño de aprender a leer y escribir, y se prepara para cumplir otro sueño, ser carpintera.

Fuente
Carta enviada a La Iniciativa de Comunicación por Vanessa Vértiz, Minga, 23 de octubre de 2002.

Para más información contacte a:
Eliana Elías
Directora Ejecutiva
Minga Perú
Ma. Isabel Tafur
Coordinadora Prog. Promotoras Comunitarias
Email: mingaperu@chavin.rcp.net.pe

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